Información sobre Escuernavacas. Datos, historia, recuerdos, anécdotas y más cosas sobre nuestro pueblo.
martes, 23 de noviembre de 2010
Cómo se hizo ... El pilar
martes, 16 de noviembre de 2010
Nacimientos y bautizos en Escuerna
Cuando el parto era en el pueblo, acudían a ayudar las mujeres familiares de la parturienta y la partera, que ayudaba a dar a luz, una de las parteras fue la señora Sinda (madre de Cipriano).
A los recién nacidos se les ponía una faja, un braguero en el ombligo para que curase bien y no se infectara, también se les ponía un pañal de lienzo y se les envolvía en "envueltas de jerguilla y paño". La jerguilla la hilaban las mujeres con lana de oveja.
A las niñas, con 2 ó 3 días de vida se les ponían los pendientes. El agujero se hacía con una aguja de coser previamente desinfectada con aceite de oliva, y con un hilo de seda. El hilo se dejaba dentro, con el pendiente, y de vez en cuando se movía y se echaba aceite de oliva hasta que cicatrizaba.
Si moría algún bebé antes de ser bautizado se le ponía agua bendita y se enterraba en el cementerio.
Los bebés debían ser bautizados antes de los 8 días de vida .Los padrinos del primer hijo eran los padrinos de boda de los padres del niño.
El día que había bautizo, se les daba chochos y una naranja a todos los niños del pueblo, antes, se les daba chochos y confites (bolitas de anís pequeñitas).
Las madres no podían ir al bautizo, ya que tenían prohibido salir a la calle hasta pasados los primeros 40 días tras el parto.
El mismo día que se cumplía la cuarentena, la mujer salía para ir a misa con su hijo y llevaba una vela para ofrecer. Esta era la primera salida que hacía. También ese primer día le llevaba una gallina al cura.
En los años 70 cuando se fue don Onorino y cuando se iba a dar a luz a Salamanca, se dejó de hacer esto y ya no había fecha para el bautizo.
Antes de los '70, el día del bautizo no se hacía misa, solo se celebraba la ceremonia del bautizo, iban los familiares del recién nacido y todos los niños del pueblo, el convite se hacía en la calle, a la puerta de la casa del bebé bautizado. El convite se pagaba entre los padres y los padrinos. El nombre lo elegían casi siempre los padrinos.
A partir de los '70, si se celebraba misa en el bautizo, se hacía un domingo e iba la madre al bautizo. Se hacía un convite en la casa y para los familiares se daba una comida. El convite consistía en dulces y chochos. Se tiraba dinero para los niños del pueblo.
El nombre lo elegían los padres, que lo inscribían antes en el registro de Salamanca. Al bebé bautizado se le ponía un faldón largo con una chapona.
*Luchi y Cecilia
martes, 9 de noviembre de 2010
Recuerdo a los viejos labradores
Antes de salir el sol
Ya preparaba la yunta
El humilde labrador
Salían todos los días
Con alegría y sin pena
El día seria lago
Y había mucha faena
Ya una vez en el campo
Detrás de la vertedera
Esquivando los terrones
Pisar de mala manera
Sacar el surco bien recto
Que todo el mundo lo viera
Desde el camino la linde
O la próxima verdera
Al cabo de varias vueltas
Con agua se refrescaban
Y la tierra acumulada
De sus albareas quitaban
Cantaban muchas canciones
Los artistas del arado
Muy felices se sentían
Con el trabajo acabado
El tiempo está muy malo
Entre ellos comentaban
Si venia una tormenta
Era lo que más temblaban
Era un trabajo muy duro
Que ya pocos apreciamos
El campo bonito y bello
Bordado hecho a mano
Que amor tenían al campo
Y fueron hombres de paz
Qué lecciones nos dejaron
No podemos olvidar
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Vamos de excursión
De nuestros veranos en el pueblo también recordamos las excursiones en tractor al río del pueblo o al de Pedroálvaro y las excursiones en bus a las piscinas de Ciudad Rodrigo o al lago de Sanabria …
Durante estas excursiones nos dedicábamos a cantar algunas canciones divertidas para que el camino fuera más entretenido, estas son algunas de las que recordamos.
- La de ponernos colorados:
- La que más nos gustaba:
- La de las "palabrotas":
- La de la participación:
- La de la rivalidad (sin querer ofender a nadie):
De Moronta el que no bote, es, es ....
Todas estas canciones tienen muchas versiones, así que seguramente algunos las recordarán de otra manera, si es así, se pueden dejar en comentarios para compartirlas y si alguien recuerda alguna otra canción que nos la escriba!.
martes, 26 de octubre de 2010
Aquellos otros veranos
Verano. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua (el RAE para los amigos), verano es, entre otras cosas, “la época más calurosa del año que en el hemisferio septentrional comprende los meses de junio, julio y agosto. En el hemisferio austral comprende los meses de diciembre, enero y febrero”.
Nosotros estamos en el hemisferio septentrional, así que verano es junio, y julio y agosto. E incluso, algunas veces, es un poquito de setiembre.
El RAE es listo, muy listo, y por eso él sabe que los verdaderos veranos tienen tres meses (o a veces, tres meses y medio, depende de las notas).
Y así eran los veranos de antes, al menos los veranos que hemos vivido algunos de nosotros hace tiempo (no demasiado tiempo, aunque a veces nos lo parezca).
Aunque el diccionario no lo dice, verano es otra cosa. Son vacaciones. Las VACACIONES, así, con mayúsculas. Las mejores vacaciones del año, aquellas que tanto tardaban en llegar, que tan largas parecían cuando llegaban y que tan cortas se nos hacían cuando se terminaban. Porque eran las vacaciones que vivíamos con ilusión, con verdaderas ganas.
Eran cuando se terminaba el cole, cuando te daban las notas, y sobre todo, cuando te ibas al pueblo. Eso era casi lo mejor de todo: te ibas a Escuernavacas, a pasar ese verano de tres meses (o casi cuatro).
Tantos días por delante se hacían emocionantes ya desde el primero, cuando llegabas al pueblo y enseguida ibas a ver si habían llegado tus amigos, cómo estaba tu bici, cuantas vacas había en el corral, si las gallinas seguían poniendo los huevos en el mismo sitio, si echaba agua el Pilar, si las pozas estaban llenas, … Y cuando habías comprobado que todo seguía en su sitio, empezaba lo bueno: coger la bici y andar por todas partes, acordándote sólo de ir a casa cuando tenías hambre; tirar piedras al Piélago; cazar ranas; jugar al escondite; mirar de reojo a quien te gustaba antes de ponerte muy colorado (los chicos también se ponen colorados); jugar a la cadena; quedarte hasta tarde en los poyos; disfrutar con aquellos amigos a quienes veías sólo en vacaciones (y conocer a los nuevos, que siempre venía alguno en verano); tirar piedras a la fuente; jugar con globos de agua; competir al Castro en el portalillo de la Iglesia, pintando en el suelo las casillas; ir a la era, a ver cómo iba la trilla; madrugar para coger patatas; robar melones, o sandías, o manzanas (a veces, tus propios melones o sandías sin saber que eran tuyos); fumar los primeros cigarros y beber las primeras cervezas (o los primeros vinos, según el gusto); subirte al trillo para limpiar garbanzos y cribarlos para separarlos de la paja; sentarte con los mayores y enterarte de sus secretos; merendar bocadillos de chorizo o Nocilla (o gorduras si te castigaban); ir al rosario los domingo por la tarde cuando tocaban las campanas; ir a la boyá a buscar las vacas; ayudar o leer en misa; pelearte por subir en el 600 del señor cura….
Sentir emociones, las primeras y más reales emociones, que parecían siempre únicas, aunque se repitieran verano a verano.
Todos hemos tenido aquellos veranos, algunos más y otros menos.
Pero creo que aquellos fueron los veranos que pusieron las bases de los veranos de ahora, que no son tan largos (las vacaciones se van acortando a medida que creces) pero que todavía conservan algunas de aquellas emociones.
Ojalá todos tengan la oportunidad de vivir un verano como aquellos en Escuernavacas, y todos ayudemos a que se mantengan, porque nos los merecemos: los que pasamos ahora parte de nuestras vacaciones en el pueblo y, sobre todo, todos aquellos que empiezan ahora a tener su propio verano.
Un brindis por el verano
(Colaboración anónima)